12 febrero 2013

Enfermedades infecciosas caninas: PARVOVIROSIS

En entradas anteriores, estuvimos hablando sobre los programas de vacunación de los pequeños animales. Ahora, vamos a conocer esas enfermedades contra las que se protegen: qué son, sus síntomas, tratamiento...  Es algo necesario estar informado sobre ellas para poder identificarlas y llevar a la mascota al veterinario a tiempo, puesto que algunas vacunas no son 100% eficaces y animales vacunados de una enfermedad podrían contraerla.

A continuación, hablaremos sobre la Parvovirosis Canina.



Parvovirosis Canina

Es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas y graves, sobretodo en criaderos caninos. Afecta principalmente a cachorros entre el destete y las doce semanas de vida, aunque también puede afectar a perros jóvenes y, más raramente, a perros adultos. 
Está producida por un parvovirus específico de la especie canina. 



El Virus
El virus es muy estable y altamente resistente a factores físicos y químicos, cosa que le permite una supervivencia elevada en el medio ambiente (hasta 1-2años). Tienen afinidad por las células que se multiplican rápidamente, como las intestinales, las del sistema linfoide o las de tejidos fetales. Las invade y así se va replicando. También puede afectar a las células del miocardio en animales entre 3 y 8 semanas.

El virus penetra por vía oronasal a partir de alimentos, bebidas o fómites contaminados (cualquier elemento o utensilio que haya podido estar de alguna forma en contacto con el virus: comederos, ropas, manos...). Tiene una primera replicación en los órganos linfoides, y posteriormente se produce una viremia (el virus pasa a la sangre), dirigiéndose a las células que se multiplican muy rápido, como son las del aparato digestivo.

Síntomas
Existen tres formas de presentación de la enfermedad y sus síntomas son:
  • Forma generalizada: hipotermia, coma y muerte repentina sin síntomas. Afecta generalmente a todos los cachorros de la camada.
  • Forma cardiaca: la mayoría de la camada suele morir de forma repentina o por un fallo cardiaco agudo: extremidades frías, mucosas pálidas o cianóticas (azuladas), taquicardia (aumento de la frecuencia cardiaca), taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria) y convulsiones
  • Forma gastroentérica: fiebre durante 1 o 2 días, depresión, anorexia, sed intensa, vómitos y diarreas continuas con o sin sangre (en más de la mitad de los casos las diarreas son sanguinolentas), deshidratación muy rápida y muerte del animal sobre el 5º día. Con un tratamiento adecuado y en animales adultos la recuperación empieza precisamente sobre el 5º día.
Tratamiento
El tratamiento en la parvovirosis canina es siempre sintomático, apropiado e incluye cuidados intensivos a fin de reducir la mortalidad causada por el virus:
  • Suprimir el aporte nutricional y de líquidos por vía oral. A los perros afectados se les suministra fluidoterapia por vía intravenosa para evitar o corregir la deshidratación. En casos extremos, se realizan transfusiones de sangre o de plasma.
  • Medicación para controlar los vómitos persistentes mediante antieméticos, antibióticos para las sobreinfecciones bacterianas debidas a la debilidad del sistema inmunológico.
  • Los complejos vitamínicos ayudan en el tratamiento y mejoran la evolución.
  • Actualmente, hay en el mercado un interferón de uso veterinario que eleva mucho la tasa de supervivencia y acorta el periodo de recuperación, aunque tiene un precio muy elevado.
  • Cuando los vómitos cesan, el perro puede empezar a recibir una alimentación basada en una dieta de fácil digestión, administrada en pocas cantidades varias veces al día (unas 3 o 6, según establezca el veterinario). También se administran protectores de la mucosa gástrica.

Prevención
La mejor prevención es vacunar y revacunar a los cachorros convenientemente. Esta es la principal garantía para proteger a los perros de la parvovirosis.

Si hay o se ha tenido algún caso de parvovirosis canina en el entorno del animal afectado, debe considerarse contaminado por el virus. Así pues, deben extremarse las medidas de higiene y limpieza. La lejía se puede emplear para desinfectar suelos, platos, bandejas de deposiciones, jaulas y otros enseres utilizados por el perro afectado.
Este virus puede permanecer en el ambiente durante mucho tiempo. Por tanto, un cachorro nunca deberá entrar en un criadero o en otra casa hasta que haya recibido sus vacunaciones completas.
  

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